Todas las cosas (de moda) que Meg Ryan nos obligó a hacer


Annie Reed se probó el vestido de novia de su abuela y cuando se giró para abrazar a su madre, la costura de la manga derecha se rompió a la altura del codo. “Es una señal”, dijo Annie. “Pero si tú no crees en las señales”, respondió su madre. Es probable que ni esta escena de **Algo para recordar **ni el precioso vestido vintage que Annie (Meg Ryan) luce en ella hayan quedado en el recuerdo de una mayoría de espectadores que prefiere, sin embargo, evocar su archiconocido orgasmo en Cuando Harry encontró a Sally. Por aquel entonces, los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado, Meg Ryan era un icono, la chica que todas imitaban por varios motivos de peso: su simpatía, su belleza apacible –cero amenazante– y una sonrisa de un millón de dólares que le permitió salir airosa de muchos retos interpretativos que quizá exigían más calidad. La reina de la comedia romántica de dicho período (rom com) solo tenía que fruncir el ceño, mover los brazos y reírse a carcajada limpia para conquistar a la audiencia.

Escena de “Cuando Harry encontró a Sally”. © Cordon Press.

United Archives / Cordon Press

Su armario, por cierto, también generó entonces la misma fascinación. Meg Ryan vestía como Meg Ryan. Jerséis muy amplios, collares de perlas, cara lavada y una galería de cortes de pelo en la que se incluyen su famosa melena midi y ese corte a capas que consiguió poner de moda contra todo pronóstico y que solo le quedaba bien a ella. Desconocemos si esa suerte de aire “masculino” y desenfadado que atesoraba la mayoría de sus looks fue porque ella así lo quiso o porque su estilista así se lo impuso. No sabemos qué fue antes, si la Meg que conocimos o la que ella era antes de dar el salto a la gran pantalla. En cualquier caso, basta con echar un vistazo a sus estilismos de calle para constatar que una y otra son en realidad la misma persona.

El otoño es la estación de las comedias románticas por excelencia. Algo tienen esos colores ocre, esas hojas recién caídas que cubren el suelo, esos primeros días de frío y ese paisaje inundado por la melancolía que invitan no solo a enamorarse, sino a pasar mucho tiempo en casa viendo como otros se enamoran en la gran pantalla. Allí, al otro lado del cristal, también es otoño; allí, Meg Ryan vuelve a ser la reina.

Todas las cosas (de moda) que Meg Ryan nos obligó a hacer:



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