Sabina prende el delirio de donde sali sobre un hule


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El cantante y poeta regresa al WiZink Center despus de la cada prepandmica del escenario que le oblig a cerrar la gira anterior y se ‘venga’ con un concierto de complicidad y entusiasmos compartidos

Joaqu
Joaqun Sabina, este martes en Madrid.Kiko HuescaEFE

Sucede con Joaqun Sabina como le ocurre a Bob Dylan: nadie sabe cul ser el ltimo concierto y esa imprecisin obliga a estar ah por si acaso, no sea que la noche en que no fuiste la historia despliegue sus alas. Por muchos motivos, los conciertos de Sabina son el mejor barrido sociolgico de Espaa. Alrededor de este andaluz flaco, rematado en bombn color hueso y chaqueta de barquillero, se concentran todas las Espaas que caben en Espaa coreando temas indelebles fijados con fuerza en la mucosa de la memoria colectiva. A las 21.12 sali a paso lento, sostenido sobre unas patas de grillo y entonando Cuando era ms joven. La aficin en pie y el entusiasmo an por descorchar, pero ya con burbujas fuertes. “Buenas noches! Muchas gracias por venir, carajo! La ltima vez sal de aqu en camilla, despus lleg la Covid… Pero hoy estoy aqu!”. A la busca del tesoro. Y despus de la cancin, el soneto que remata as: “Sobre el mismo escenario de Madrid”. ‘Sintindolo mucho levant aleluyas.

Sabina en Madrid es otra cosa. En medio siglo haciendo letras, lo que nunca le ha fallado a Sabina es su relacin con este poblachn con modales de giser. El aguardiente duro de su voz llega aqu ms directo al alma de la gente y calienta mejor sus sueos, sus daos, sus entusiasmos, su calle melancola. Tambin los miedos y las inseguridades. La gira en marcha trae un nombre exacto: Contra todo pronstico. Y de princpio a fin (salvo algn tema nuevo), el concierto es un orfen de 16.000 personas repartidas entre los coetneos del cantante y dos generaciones ms hacia abajo, hasta rematar en los nietos de los hijos de la ira (por citar poetas). Algunos veinteaeros que encuentran en este hombre tan siglo XX una galera de espejos de aquellos das que fueron y suenan con una mtica condicin de paraso donde medio limn aliviaba perfumes en el urinario. No hace falta que la revolucin pase por aqu: la gente lo arde a su manera y cada cual anda pensando en lo suyo, que es a donde llevan las letras de Sabina.

A los 74 aos, con la voz rota y sostenida con un alijo de cristales de tapia, Sabina despeg en el concierto. Ech por la boca los versos de con y a las miles de almas del pabelln las primeras palabras les cayeron como una lluvia concedida por un santo laico apoyado en un taburete sobre el escenario. En los primeros minutos, el cantante est ya como el alcotn que se posa con la presa en el pico. El mundo est con l ensayando nuevas versiones del entusiasmo, de la adoracin. Cantar con la garganta en barricada y sin perder la gracia esa es una fortuna que hay que saber merecerla.

Entre tema y tema, Sabina despliega versos, rimas duras que l convierte en media vernica. El poder de su msica es el de estar siempre del lado de lo que daa, sobre todo cuando nos remos de verdad. Y de ah el fervor que prende cuando echa a las atmsfera los aciertos de Lo niego todo o Mentiras piadosas. En algunas canciones acierta a decir el sabor de mil noches de insomnio sin tirar de lugares comunes y calienta al respetable como quien abronca a la vida. El don de su poesa es el de alojar un cierto vandalismo de quebrantos para recordar que an estamos dando batalla.

Cuando enfila los acordes de Por el bulevar de los sueos rotos (la mejor carta de amor a Chavela: el pabelln en pie), la soledad del cantautor resplandece como un oficio multitudinario. La biografa de Sabina son sus canciones. Eso es lo que dice tambin el documental de Fernando Len de Aranoa, un juego de espejos desde el Sabina ltimo y amotinado en Tirso de Molina hasta el joven con barba proftica al que el padre llev con las mariposas prietas al calabozo en Granada. No es una metfora, es su historia. Y como esa, otras tantas con las que levantar una leyenda entre vaivenes y aceleraciones hasta construir una msica que ha permitido a pea tan distinta sobrevellar algunos arreones y laar unas cuantas heridas con la certeza ferviente y probablemente fallida de creer que lo que te mueve a refugiarte en estas letras es no parecerte a nadie. Aunque eso no es verdad del todo, como casi nada.

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Joaqun Sabina, este martes en Madrid.Kiko HuescaEFE

Otros himnos del repertorio se los deja a la banda mientras l sale a darle cuerda a la voz en el camerino: Quiero ser una chica Almodvar y La Cancin ms hermosa del mundo. Con el ltimo verso de sta regresa con camisa de lunares y ondea otros clsicos sabinianos que rematan en el rompeolas de 19 das y 500 noches (ya sin la segunda voz de Pancho Varona). Eran las 22.30. Sabina es de los escasos msicos que logran hacer de cada pieza un clsico. Tiene decenas. Peces de ciudad la escribi para Ana Beln y son ayer esplndida. “Desafiando el oleaje, sin timn ni timonel”.

Esto ya se sabe: los conciertos de Sabina son un mestizaje donde la poesa, el comentario ocurrente, las deudas de amistad, los cruces de caminos y las cuentas pendientes se combinan con un medido azar… La copla irrumpi en llamas con Mara Barros: Y sin embargo te quiero, que es una zambra. Igual que Y sin embargo del flaco es otra deuda que tenemos con l. Slo en esta se desmonter (el bombn color blanco hueso) para rematar un calambrazo guitarrero con Princesa antes de los bises. Fueron cinco: uno a cargo de la banda, El caso de la rubia platino; y Contigo: porque amores que matan nunca mueren; y Noches de boda: que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentiras. As hasta Nos dieron las diez y Pastillas para no soar, cuando la noche se abri, fastuosa, a ms noche con la liturgia cumplida.

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