Maxi de Gran Hermano: su relación “estratégica” con Alfa, el dolor ante la segunda eliminación de Tini y su vida de hostel antes del reality


Maxi confiaba en que el domingo podía llegar a quedarse. Aunque no era una certeza, pensaba que en un mano a mano contra Ariel, sus chances eran altas. Pero luego de una votación muy pareja, el resultado final arrojó que el cordobés era quien debía abandonar la casa.

A dos días de su expulsión, Maxi dialogó con LA NACIÓN sobre su estadía en Gran Hermano, sus alianzas y cuál fue el momento más duro que atravesó en el juego.

-¿Cuál es el balance de tu paso por la casa?

-El mejor. Realmente creo que más allá de algunos momentos malos, el balance es increíble. Es una de las mejores experiencias de mi vida, y la disfruté un montón. Me encantó conocer a toda la gente que conocí, estoy más que feliz. Y ni hablar del cariño que me encontré en el afuera, ese es el mejor de los premios: el cariño de la gente, eso me llena el alma.

-¿Estabas con ganas de irte o seguías comprometido con la idea de quedarte?

-Sinceramente, tenía ganas de quedarme. Fue tan mágico lo que se me dio que era muy difícil de dejar, pero la verdad es que también me sentía agotado. Todos los sentimientos adentro fueron súper intensos, y me iban agotando. Yo no me imaginaba en la final, pero creo que la vida me está llevando por el camino que más feliz me va a hacer.

-¿Cómo era tu vida antes, y como la imaginás ahora después de Gran Hermano?

-Yo estoy totalmente agradecido con la vida. Antes de esto, cuando volví de viaje, con mi mamá pudimos tener el emprendimiento de un hostel en Córdoba, y trabajar para nosotros era muy lindo, y muy tranquilo. Pero aunque me gustaba mucho ese trabajo para mi mamá, yo sentía que necesitaba más, veía que mi vida era demasiado tranquila, y quería vivir de otra forma que me llenara más. Entonces, cuando se da esta posibilidad, me entusiasmé mucho. Y en el futuro, espero poder aprovechar las oportunidades que tengo fe que van a aparecer, y que todo dure lo máximo posible.

-¿Te sorprendió que Ariel ganara en esa votación que te dejó afuera? ¿En la casa sospechaban que Ariel podía ser fuerte para el afuera?

-En la casa, la mayoría sentíamos que se iba Ariel, en frío yo también pensaba que se iba él, pero en el fondo tenía la sensación de que me podía llegar a tocar a mí. Es como que eso se siente, y yo sentía que era el momento. Incluso cuando fui a Alfa a pedirle el pañuelo, yo me quería llevar ese recuerdo. Mi relación con Alfa fue algo muy importante para mi experiencia, y quería ese recuerdo porque sentía que me iba a tocar. Y si Ariel es fuerte o no, ahí adentro no tenemos idea, a Ariel no lo imaginábamos fuerte. Yo sentía que no estaba haciendo las cosas bien como para quedarme, pero a Ariel no lo veía fuerte, y por eso pensaba que se podía ir él.

-Con Alfa tuviste una relación de muchas idas y vueltas, vos fuiste el primero que lo paró cuando le hizo ese inapropiado comentario a Coti, pero con el tiempo se acercaron, y de hecho él se angustió con tu partida…

-Me pasaron cosas raras con Alfa, porque hubo situaciones que me molestaron mucho, pero que todo el resto de la casa lo tomaba muy diferente. Entonces empecé a pensar que por ahí yo estaba viendo las cosas de una manera diferente, y opté por darle otra chance a la relación para sentirme en paz, y así no sufrir tanto. Adentro de la casa eso era algo que me ponía mal, porque la energía de Alfa es muy fuerte y sentirla en contra te agota muchísimo. Así que fue una estrategia de supervivencia, me dejé de enfocar en las cosas que me molestaban de él y, con el tiempo, hasta recibí buenos gestos de su parte. Al final terminamos en un balance como de afecto, de cariño.

-¿Y cómo era tu relación con Ariel? Vos charlabas mucho con él, eras una especie de confidente…

-Ariel me corrió el foco en mi relación con Alfa, eso fue de gran ayuda para mí, porque él siempre tiene que tener a alguien para pelear. Igualmente, Ariel tiene una forma de ser y una esencia que, si bien pienso que la exagera un poco, la usa para adaptarla al tipo de juego que más le conviene. Pero su forma de ser me agradó desde el principio, y tuvimos un lindo vínculo a pesar del poco tiempo compartido. Y en los últimos días el apoyo mutuo fue muy sincero, fue una previa que se disfrutó de otra forma, estábamos tranquilos.

-¿La segunda salida de Tini fue tu momento más duro adentro de la casa?

-Sí, y por lejos. Antes de su entrada yo venía caído, cansado, me costaba disfrutar y sonreír, pero cuando ella vuelve me levanta hasta el techo, me sentí completo de nuevo. Y su salida no me la esperaba, porque ya tenía la idea de que iba a pasar mi cumpleaños con ella, y de repente caer con eso fue un balde de agua fría. Ahí adentro muchas veces te olvidás que es un juego, y ver a alguien irse por ese caminito es una sensación horrible.

-¿Y ya pudieron verse solos y charlar un rato?

-La vi un minuto apenas salí del estudio, me dejaron saludarla. Y en el debate fue el reencuentro. Me van llevando del hombro, y de a minutitos me van dejando (risas). Pero bien, ya la vi, estoy mucho más tranquilo, y si Dios quiere ya vamos a poder estar tranquilos y charlar…

-¿Y cómo imaginás tu relación con ella, ahora que ya están los dos afuera?

De entrada, la conexión fue muy fuerte, y también fue increíble todo lo que hablamos. Tenemos tantísimas cosas en común, gustos, proyectos, formas de vivir y de pensar la vida. De hechos hemos pasado por lugares similares, tenemos gente en común a través de amistades que viven lejos. Y obviamente que me re imaginaba afuera con ella, fue algo que se dio naturalmente entre los dos, y no pienso en nada más que en estar con ella.

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