La nueva vida de la princesa Leonor: TELVA entra en la Academia Militar de Zaragoza donde pasará un año


Cuando se aproximen a la valla “apaguen luces de cruce, enciendan luces de interior”, indica el cartel de la doble baliza del puesto de vigilancia a la entrada de la Academia General Militar de Zaragoza. Todos los taxistas lo saben y ni se acercan, dejándote al principio de la cuesta sin dar opción. Son las 7.30 de la mañana de un jueves de principios de marzo y una riada de coches se dispone a acceder en tromba al interior de esta pequeña gran ciudad castrense de 71 hectáreas (entre el edificio histórico, pabellones de clases, polideportivo, o el campo de maniobras de San Gregorio) con más de 1.500 personas y situada en el kilómetro 5 de la carretera hacia Huesca. La caravana corresponde al personal civil externo que trabaja en el complejo militar conocido como “La General”, además de los mandos que no duermen aquí (todos menos los de guardia). Junto a la garita nos espera, con las tarjetas de entrada, el comandante Gracia, mi eficaz contacto desde hace semanas en el Ejército, y en el interior del edificio principal (una construcción neomudéjar que se levantó en 1927 durante el reinado de Alfonso XIII), su alter ego, la comandante Martín de la Fuente. Una militar palentina de 43 años, madre de tres hijos, número 5 de su promoción de ingenieros, jefa de la 13 Compañía de cadetes de primero y, como dice casi desde el saludo, acérrima defensora de “abrir” el Ejército a la calle para que se conozca y reconozca la excelente preparación de los futuros oficiales que se forman aquí. Un mundo exigente donde, aparte de una clara vocación de servicio, es necesario obtener una nota de corte en la EVAU de un 12,3 (un 13 para los oficiales de la Guardia Civil); además de superar unas durísimas pruebas físicas (hablamos de carrera de mil metros, test de agilidad, carrera de velocidad, número de extensiones o salto vertical) una prueba psicotécnica, otra médica y un examen de inglés nivel B1.

Enseguida nos percatamos de que aquí todo el mundo se nombra por el apellido así que, los comandantes Gracia y Martín de la Fuente a partir de ahora, serán nuestros cicerones por este reducto del mundo convertido en foco de interés informativo mundial.

Y es que era ya un secreto a voces que corría como la pólvora por las redacciones de los medios desde hace meses, pero que se pensaba que se haría público tras las elecciones generales de finales de año. La princesa de Asturias ha finalizado el 20 de mayo sus dos cursos de Bachillerato Internacional en el UWC Atlantic College de Gales y parecía lógico que el gobierno comunicara, como así lo ha hecho el pasado 14 de marzo por Real Decreto, su plan de formación militar, en el que la Casa Real ha estado trabajando mano a mano desde hace meses con el gobierno y que regula su paso por las tres Academias. Primero lo hará en la de Tierra, en Zaragoza, durante el curso 2023-2024; jurará Bandera y a continuación ingresará en la Armada, en Marín (Pontevedra, 2024-2025) embarcándose en el buque-escuela Juan Sebastián Elcano, como lo hicieron su padre y su abuelo. Y por último, terminará su formación militar en la Academia del Aire, en San Javier (Murcia) en 2025-26 . La ministra de Defensa aseguró también que Leonor se incorporará a finales de agosto (a día de hoy se sabe que será el 17) a la Academia “como una Dama cadete más con alumnos de su misma edad, pero tendrá un programa especial adaptado”, igual que lo tuvo su padre el rey Felipe VI, que se diferenciará del de sus compañeros de promoción principalmente en que ella recibirá durante tres años formación en los tres Ejércitos, no solo en uno. Al terminar esta etapa, se le entregarán los despachos de teniente del Ejército de Tierra, alférez de navío de la Armada y teniente del Ejército del Aire, siendo “la cabeza de la promoción, aunque no ocupará plantilla en las Fuerzas Armadas y ascenderá al mismo ritmo que ellos”, según atestiguó la ministra, renunciando a su salario. Una formación militar que, como también dejó claro la Casa del Rey, precederá a la universitaria.

Leonor hará historia al ser la primera mujer con el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas en España.

Una buena noticia ya que, según el último informe del Ministerio de Defensa, la mujer representa aún solo el 12,9% de los 108.000 miembros de las Fuerzas Armadas, y está más presente en los Cuerpos Comunes (médicos, veterinarios, jurídicos, etc… con un 35%), en la Armada con un 13,7%, el Aire con un 14,2% y en Tierra con un 11,5%.

Hoy, en nuestra visita a la Academia, la confirmación de este “asunto relevante”, como ha calificado la ministra la formación militar de la princesa de Asturias, ni se sabe, ni se comenta. O si se sabe, (que es lo más seguro) es un tema altamente confidencial que aquí nadie trata.

Julia Ustáriz, dama de 2º curso, con la equipación de esgrima en el pabellón que se estrenó cuando estuvo el príncipe Felipe en la Academia (1985). Cuenta con gimnasio, piscina cubierta, cancha de baloncesto, balomnano, sala de esgrima, campo de cross fit, rocódromo, pistas de paddle, de squash…Toni Mateu.

La camareta de Julia Ustáriz (20 años), dama de 2º curso, se encuentra en uno de los pabellones de cadetes, y consta de 2 camas, (normalmente los nuevos duermen en camaretas de a 8, separadas por sexos) colcha con el escudo de la Academia y, a los pies, una manta zamorana para aguantar los rigores del cierzo. Frente a la ventana, dos mesas de estudio, un cuarto de baño y un amplio armario que ocupa toda la pared, donde guardan su ropa de civil en porta trajes, y los uniformes y prendas de instrucción y deporte que se les entregan al llegar. Cuando más tarde visitemos el gigantesco almacén de vestuario, comprobaremos cómo los nuevos tienen, además de su atuendo de diario, (compuesto por una cazadora con cintura elástica, pantalón con bolsillos posteriores, camisa y corbata gris y una prenda de cabeza con un borlón dorado) un elegante uniforme de gala o traje de Época, además de la uniformidad de instrucción (ellos la llaman “Mimeta”) y toda la equipación deportiva necesaria para realizar actividades como educación física, equitación, esgrima, etc… “De lo que más se quejan las nuevas es de los pantalones del uniforme de diario”, afirman desde esta jefatura de servicios (el corte recto con los bolsillos de tapa no les favorece). “Así que, al llegar en agosto, siempre hay una sastra que debe ajustar cinturas, coger bajos, etc…”

Entre las”normas de aspecto personal”: pelo recogido y maquillaje y manicura natural

Julia Ustáriz, de 2º, con el uniforme de Época, reservado para las ocasiones especiales.Toni Mateu.

Uno de los aspectos del reglamento que despierta más curiosidad en los recién llegados son las llamadas: “Normas de aspecto personal” donde se detallan cosas tan concretas y prosaicas como, por ejemplo, que las damas deben llevar el pelo de color natural (admitidas las mechas y el tinte siempre que sean naturales). En el largo de la melena no se meten, aunque hay que recogérsela en una coleta o trenza durante las actividades deportivas y de instrucción; y en un moño, para formaciones y ocasiones relevantes, de forma que se pueda colocar bien la prenda de cabeza. La dama Ustáriz cuenta: “Me acuerdo de que el primer día vino una alférez para enseñarnos a las nuevas cómo hacernos una moño con trenza, (de la redecilla las más jóvenes huyen) pues yo no me había hecho uno en mi vida. Al principio tardas, pero con la práctica te acostumbras y lo haces hasta con los ojos cerrados. Las chicas podemos llevar un anillo, reloj, o pendientes que no sobresalgan del lóbulo de la oreja (menos en las maniobras que se los quitan por seguridad) y si queremos, las uñas pintadas en un tono natural, igual que el maquillaje, continúa. Creo que en el caso de los chicos es más complicado cumplir con estas normas, por el largo de la barba, si están mal o bien afeitados”…

La comandante Martín de la Fuente habla del llamado “Módulo de Acogida, Orientación y Adaptación a la Vida Militar (MAOA)” de los nuevos, que dura dos semanas, seguida de la “Formación Militar Básica” de cuatro. “Es fundamental, puesto que aquí no solo sirve con tener notas muy altas o estar muy fuerte. Es imprescindible contar con una clara vocación de servicio y cualidades como la fortaleza, cierta madurez o dotes de liderazgo. Como jefe de batallón uno se da cuenta, casi desde el principio, del que encaja o del que se va a marchar, porque pasamos muchas horas al día con ellos. Hay veces que algunos aguantan, porque físicamente resisten ese primer periodo hasta Navidades, pero emocionalmente se les hace muy cuesta arriba. Muchos de ellos no tienen ni familia militar, así que el cambio es brutal. Al final, son una representación de los jóvenes de hoy en día: o personas autosuficientes, o chicos que vienen muy sobreprotegidos de sus casas, pero que deben adaptarse a un régimen militar con el 90% del tiempo estructurado. De los 400 nuevos que han entrado este año, -continúa la comandante- ha habido 17 bajas. Lo habitual cada curso. Aunque luego hay casos extremos, como por ejemplo el de una dama que llegó un domingo con sus compañeros, y esa misma noche me pidió la baja, no llegó ni a dormir aquí”, concluye. “Los chicos de hoy en día, -añade el comandante Gracia- pertenecen a la generación de la inmediatez, en la que a veces falta la serenidad para marcarte un objetivo, que aquí debe ser a cinco años”.

Se madruga a las 6:30 y se duerme en camaretas compartidas

Ana García Pacios, de 1er curso, en la pista de atletismo. “Las damas tienen las mismas pruebas físicas que los caballeros cadete pero, igual que en el mundo civil, distintas marcas” (Comandante Martín de la Fuente)Toni Mateu.

Las damas Murillo (23 años) y Ustáriz (20), de cuarto y segundo curso, respectivamente, relatan lo que más les costó al principio: “A mí la gestión del tiempo libre”, dice Laura Murillo. “Pensar que, si mis mandos me modificaban el plan de tarde que yo me había trazado, no lo estaban haciendo para fastidiar, sino para ponerme a prueba cuando en el futuro tuviera, por ejemplo, que liderar una sección de 30 personas como teniente”. “En mi caso -reconoce Julia Ustáriz- fue compartir camareta con chicas que no conocía de nada. Yo, que solo tengo un hermano. También cambiarme de uniforme rápidamente, a nivel físico, correr como nunca lo había hecho en mi vida y, como a la dama Murillo, la gestión del tiempo personal”.

Los cadetes llevan en pie desde las 6.30 de la mañana, hora del toque de diana y Lista de Ordenanza y, tras vestirse con su uniforme de diario, arreglar sus camaretas (habitaciones) y un desayuno contundente a base de café con leche, cacao, zumo, pan con mantequilla y mermelada, aceite, embutidos, Actimel etc… empiezan sus clases de Ingeniería de Organización Industrial (IOI) que cursan como grado durante cuatro años con titulación de la Universidad de Zaragoza. El quinto será el año de la especialización en las Academias que, dependiendo del arma que elijan, harán en Toledo, Hoyo de Manzanares, Segovia o Valladolid. “En el primer cuatrimestre tienen asignaturas militares que damos nosotros -señala la comandante Martín de la Fuente-, y cuatro asignaturas civiles que imparten los profesores del Centro Universitario de la Defensa (CUD). Aparte, tienen que cumplir con el apartado de instrucción y adiestramiento militar, así que van un poco hasta arriba”. Las clases duran desde las 7.45 de la mañana hasta las 14.20 de la tarde y, los viernes a las ocho hay una formación para el izado de Bandera en el patio de Armas y las clases comienzan media hora después. Las tardes son libres, (entre comillas) ya que deben dedicarlas a preparar la instrucción del día siguiente, asistir a clases de apoyo (los que las necesiten), tutorías o estudio obligatorio para los alumnos de primer y segundo curso. Además, al menos un jueves al mes al terminar sus clases de la mañana, los cadetes salen de Instrucción por la tarde y continúan toda la noche (lo que comúnmente se conoce como Jornada Continuada) y, al día siguiente vuelven a su actividad normal, “compaginándola con que a lo mejor pueden tener un examen, etc…”, señala la comandante.

Julia Ustáriz, dama de 2º curso, en su camareta estudiando.Toni Mateu.

Al llegar a la Academia, no sirve solo con haber superado todas las pruebas o tener notas muy altas. Hay que contar con vocación de servicio, fortaleza, cierta madurez o dotes de liderazgo. Uno se da cuenta, casi desde el principio, del que encaja o del que se va a marchar

(Comandante Martín de la Fuente)

A mediados de octubre, tradicionalmente antes de la Fiesta Nacional del día 12, los cadetes juran Bandera en una ceremonia solemne a la que acuden sus familias. No será una excepción para Leonor.

Además de formarse como ingenieros y estudiar Derecho, Historia o Relaciones Internacionales, una vez al mes asisten a conferencias sobre temas muy diversos que se organizan en la Academia desde la llamada Cátedra Cervantes, y que han impartido, la atleta Ruth Beitia, el periodista Manuel Campo Vidal, o el campeón de rallies, Carlos Sainz, entre otros muchos.

El compañerismo que reina en la Academia crea vínculos de amistad indisolubles

Ana García Pacios (18 años), dama de primero, se dirige con su sección a la pista de atletismo para una prueba de velocidad. Ella lleva incorporada a la Academia desde el pasado 17 de agosto, día del ingreso de los nuevos y, al igual que el resto de sus compañeros, recibió una carta del director, el general de Brigada Manuel Pérez López, con unas ilusionantes palabras de bienvenida que, seguro, también recibirá la princesa. Reproducimos una pequeña parte:

La dama cadete de 3er curso, Elena Martínez Vázquez, en las cuadras poniendo las bridas a su caballo de saltos. Lleva la chaqueta de instrucción o “mimeta” y el pelo recogido en una trenza.Toni Mateu.

“Quiero en primer lugar felicitarte por haber logrado el ingreso en la Academia General Militar, el primer paso para cumplir tu vocación de servicio a España como Oficial del Ejército de Tierra, de la Guardia Civil, o de los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas. En unos días portarás los distintivos que te distinguirán como Cadete de “La General”, un centro fundado en 1882, que ha sabido adaptarse a la evolución de los tiempos, y en el que comenzarás la sólida formación moral, física, intelectual, táctica y técnica que en un futuro no muy lejano necesitarás como Oficial. (…) Con tus compañeros, a los que pronto conocerás, crearás unos vínculos que te acompañarán para siempre. (…) El compañerismo es uno de los valores fundamentales que inculcamos en la Academia General Militar, y deberás adoptarlo como norma permanente de conducta desde tu llegada”.

Laura Murillo afirma sobre este punto: “El compañerismo es base pura y dura del Ejército. A diferencia de un trabajo de la calle en el que coincides con los colegas unas horas y luego cada uno se va a su casa, aquí, cuando tienes un problema, se vive todo con mucha intensidad. En mi caso, me pasó que, el año pasado por culpa de una mala praxis al ponerme la vacuna del Covid, estuve seis meses con un brazo inmovilizado. Los médicos no me daban soluciones y me rallé. A los 10 días comenzaban las maniobras de invierno en Jaca para las que me había estado preparando duro. Entonces mis mandos me dijeron: “Murillo, ya has demostrado en el primer cuatrimestre de lo que eres capaz”. Y mis compañeros: “Te conocemos de tres años, no te vengas abajo ahora por esta tontería”. Y yo, que soy hija única, sentí un apoyo inmenso. Siempre digo que a mí la Academia me ha dado hermanos, pero con todas las letras”, concluye.

LA COMIDA, DE AUTOSERVICIO Y ABUNDANTE

Mandos y alumnos comen por cursos durante una hora en un comedor de mesas corridas con platos contundentes y variedad de proteínas que se preparan a diario en las cocinas de la Academia.Toni Mateu.

Tras pasar por el laboratorio de Química para ver el proceso de potabilización de agua con la dama Pacios, y asistir, en el llamado “cuadrilongo”, a una magnífica exhibición de saltos por parte de Elena Martínez Vázquez, dama de tercero, nos dirigimos al comedor de los cadetes para compartir almuerzo con ellos. Mandos y alumnos comen de autoservicio y por cursos en una hora, en mesas corridas que deben ir completando a medida que llegan. Hoy el menú consta de un primer plato contundente a base de garbanzos con callos; de segundo, pollo a la colombiana y de postre, a elegir entre fruta, natillas, o yogur con KitKat. Enseguida me viene a la cabeza la comida de batalla del comedor de mi colegio, con los típicos tenedores y cucharas de aluminio que harían las proezas de Houdini.

Bandeja de autoservicio con el menú del día: Garbanzos con callos, Pollo a la colombiana y yogurt con KitKat.Toni Mateu.

Toni, nuestro fotógrafo, aprovecha el barulllo para hacer fotos a los alumnos. No se aprecia ni un resquicio de envidia por el foco de atención puesto hoy en las damas. Al contrario, los chicos se muestran orgullosos de sus compañeras.

Tras el almuerzo, llega uno de los esperados momentos de esparcimiento del día en el Casino de cadetes, como se le conoce a un gran cuarto de estar con cafetería, abierto desde las 12 de la mañana, con butacas con mesas bajas, y donde pueden ir a tomarse un plato combinado, un bocata de media mañana o, como ahora, el café. Aprovechamos para preguntarles: Cuando salís al “mundo civil” ¿cómo lo lleváis? Murillo responde: “A mí, como me costó tanto entrar, pues no daba la altura mínima exigida para las chicas (1,60 hasta que se llevó a juicio y se cambió a 1,55), cuando finalmente lo conseguí, se me saltaban las lágrimas. En los primeros permisos recuerdo que quedaba con mis amigos a una hora determinada y, si no llegaban en punto, estaba de los nervios. Mis padres me decían: “Laura, desenchufa” Pronto me di cuenta de que no podía exigir a la sociedad que siguiera el modus operandi de un régimen militar como el de aquí“. Ustáriz añade: “Yo me he acostumbrado a que, si se me encarga un cometido, lo cumplo y punto, así que cuando vuelvo a casa me cuesta ver que mi hermano pequeño no hace las cosas enseguida. Aunque ya he aprendido a relajarme y ver que es sano y también muy necesario desconectar y olvidarse un poco de los estudios, la instrucción, y disfrutar del tiempo libre con mis amigas”.

Entrenamientos de combate con mochilas de 20 kilos a la espalda y fusil

Las damas cadete Pacios, Ustáriz y Murillo en el campo con el uniforme de instrucción o “Mimeta” y el fusil HK. Al menos un jueves al mes salen por la tarde y regresan al día siguiente.Toni Mateu.

En cuclillas, en el pinar de uno de los campos de instrucción, fusil de asalto HK al hombro y cargando con una mochila de 20 kilos a la espalda para aguantar la noche de instrucción, con saco de dormir, cuerdas, pulpos, piquetas, etc… tres damas que no superan los 23 años hacen un simulacro esperando para avanzar. Dos de ellas se aproximan desde los flancos despejando el camino. Y ahí va la tercera, campo a través, lanzándose al suelo y levantándose, intercambiando indicaciones y con la adrenalina a flor de piel. Nadie dispara. Se trata de un ejercicio. Al verlas uno piensa: Si fuera un ataque real, ¿cuántas seguirían con vida? Los cadetes saben que un adiestramiento como éste, quizá en un futuro salve su vida o la de otros. Para ello se someten a numerosas prácticas de instrucción y entrenamientos de combate en campo abierto, en montaña, etc… con una exigencia brutal.

Toni Mateu, fotógrafo de TELVA, comandante Rocío Martín de la Fuente, Lucía Francesch, subdirectora de TELVA, y comandante Luis Enrique Gracia.

Son más de las siete y media de la tarde y en uno de los pabellones de cadetes, se escuchan voces masculinas gritar a una: ¡Oración! Es el llamado “Toque de Oración” que tiene lugar cada tarde tras el arriado de la bandera, unos minutos antes del ocaso del sol. (Al día siguiente asistiremos a la ceremonia solemne de su izado en el patio de Armas). Cada oficial y cadete saluda en posición de firmes orientando sus cuerpos hacia la bandera que desciende del mástil en el exterior. Apenas un minuto mágico donde no se escucha ni un murmullo. A continuación, vuelven a girarse hacia el sol que se esconde, para rendir homenaje a los Caídos. Un gesto precioso que se remonta a la batalla de Ceriñola, en 1503 cuando el Gran Capitán, al divisar el campo de batalla cubierto con los cadáveres de los combatientes franceses y españoles, les quiso honrar. Desde entonces, se mantiene como una tradición que ha perdurado en todos los cuarteles de España a la puesta del sol. La última estrofa dice así:(…) No quisieron querer a otra Bandera, /no pudieron andar otro camino, /no supieron morir de otra manera.



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