La joven ilustradora que se 'rifan' las marcas de moda de lujo

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El trazo de María Muñoz de Fernando ha conquistado a Louis Vuitton, Dior o Moncler. también, a los nominados a los Latin Grammy

No hay espacio en blanco en un libro que María Muñoz de Fernando (Ávila, 1996) no haya aprovechado. Ni un papel. Ni una servilleta. Hay una fuerza sobrenatural en ella que le lleva a pintar todo aquello que cae en sus manos. Y así, desde que era niña. «En el cole, me costó alguna guerra con los profes porque pensaban que no prestaba atención», cuenta entre risas. Sus muñecas, estilizadas, de trazo ligero y mucho movimiento, luz y color, han conquistado a marcas de moda de lujo como Louis Vuitton y Dior. Apenas lleva un año y medio dibujando para otros, pero su carrera asciende a la velocidad del elevador de un rascacielos.

«Llevo pintando desde que cogí por primera vez un lápiz de pequeña. Es mi pasión. El primer dibujo de moda que recuerdo haber pintado es el vestido de la Reina Letizia el día de su boda. Tenía 9 años», relata a modo de recuerdo esta ilustradora autodidacta y afincada en Madrid, que ha ido desarrollando su propia estética captando pedacitos de artistas a los que admira, siempre con la mujer como protagonista.

No todo ha sido un camino de rosas. Estudió ADE y Relaciones Internacionales por imposición familiar. «Siempre había sido buena en el cole y creyeron que podría con ello, aunque yo quería hacer arte y moda. De hecho, realicé las pruebas de acceso para universidades de moda en Milán y Londres, pero no me dejaron», señala. Los años de carrera, entre el «sufrimiento» y la «rebeldía», los pasó con los rotuladores sobre la mesa. Al licenciarse, trabajó en Márketing en Loewe Perfumes, pero no funcionó.

Con 24 años, «sin nada que perder», se fue a Milán durante la Semana de la Moda. «Me puse a pintar en la calle, a la gente que iba a los desfiles con sus súper looks. A algunos les regalaba la ilustración -que realiza en apenas 5 minutos- y les pedía que me etiquetaran en Instagram. Le echaba morro, porque vergüenza nunca he tenido», dice.

«Intenté colarme en varios eventos, pero siempre me pillaban. Un día me dieron la oportunidad en una tienda de zapatos. Al director creativo le encantó lo que hacía y me invitó al desfile de Laura Biagiotti. Después me intenté colar en el de Chanel, pero me echaron. En Hermés lo conseguí. Y les flipó. Así es como empecé a relacionarme con este mundo», añade la artista.

Fruto de aquella locura, llegó su primer «cliente grande»: Louis Vuitton. «Pinto en directo -hasta tres veces en un mes- su colección para regalársela a sus mejores clientes en los eventos privados que hacen». Luego, la contrató Dior -con quien ha trabajado en media docena de ocasiones-, Moncler, Tommy Hilfiger, Rituals

Después, la oportunidad en los Latin Grammy, en Sevilla. «Estuve pintando sobre abanicos para los nominados: Carlos Baute, Pedro Capó, Omar Montes, Beatriz Luengo… Fue una propuesta diferencial, porque, a alguien famoso que tiene de todo, ¿qué le regalas que le emocione? Les hice algo personal y en el momento”, unas ilustraciones de ellos, con el vestuario que llevaban en los premios.

De casualidad, se metió en el sector bodas, iniciando una tendencia que ahora está muy de moda. «Es un regalo que hacen los novios a los invitados, para que se lleven un recuerdo. Es algo que disfruto», asegura antes de contar que la boda de la instagramerMarta Pombo, donde estuvo, supuso otro boom para aumentar sus seguidores. «Intento que sea algo muy exclusivo. Tengo más de 500 solicitudes, pero no hago más de 20 al año», dice sobre esta vertiente de su negocio.

«Siempre cuido los detalles; busco la excelencia. No es sólo importante la ilustración sino que el tiempo que estén conmigo, vivan una experiencia». Para ello, trabaja con una compañera, que se encarga de cuidar a los invitados. “Les pone en valor la ilustración, les explica cómo les recreo, les invita a posar… Les mete en la historia”, indica. Y añade: “Hay gente que me dice que le gusta más la ilustración que la prenda”.

Dando «vida» a su vestuario, asegura, les retrata. «Mis muñecas -aunque también pinta a chicos- tienen mucho movimiento y cada vez tienen los cuellos y las piernas más largas», señala la artista, que a base de rotuladores con efecto acuarela y algo de brilli-brillicapta la esencia de cada retratado con elementos como el pelo.

El secreto de su éxito dice que está en esa mezcla entre arte, emoción y empresa que la representa. No dejan de salirla nuevos proyectos. En su mente ronda está exponer su propia obra, diseñar ropa con sus ilustraciones, dibujar para un libro, pintar sus muñecas en vajillas y en lienzos de dos metros, dar cursos… En poco, este reportaje se quedará obsoleto.

  • Su referencia es el ilustrador Jordi Labanda.
  • Tiene más de un millón de muñecas pintadas.
  • Ha realizado ilustraciones para la revista Instyle.
  • Durante la universidad realizó una estancia en Seúl, donde conoció el arte asiático.

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