Ir a la moda no incomoda – Expoflamenco


“Fashion victim” creo que se dice de aquellos que sacrifican la comodidad, el bolsillo y hasta las formas por ir a la moda. Vestir siguiendo la corriente que impone no se sabe bien quién, gastarse el jurdó en lo que no vale lo que cuesta, llamar la atención gratis, sin recibir a cambio nada más que comentarios guasones, es ir a la moda, cueste lo que cueste. En el cante, toque y baile flamencos está comprobado que ir a la moda no incomoda, sino todo lo contrario. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes, ilustremos eso de “estar en la onda” con ejemplos que todos conocemos.

 

El cante. Hace unos meses, en una mesa redonda en Cádiz, una de las asistentes preguntaba por qué hoy hay más payos (sic) que gitanos entre las primeras figuras del cante. Además de que no es cierto, repasando el palmarés de los que parten la pana hoy por hoy podemos decir que está la cosa bastante igualada, aunque es verdad que no siempre ha sido así. No hace falta ser demasiado aficionado para saber que hubo épocas en las que los cantaores no gitanos llenaban teatros y otras en las que el protagonismo se lo llevan los payos. Así, tras el concurso de Granada, Chacón, Marchena y Vallejo tenían loquita a la afición y alguno se hacía llamar en los carteles Rey del Cante Jondo. Sin embargo, a partir de los años sesenta, Mairena, Caracol o Talega hacían las delicias de los amantes de lo jondo. Son modas que van y vienen, los gustos cambiantes del respetable. Que Camarón y Morente se alcen con el cetro no es de extrañar, debido a que hablamos de genios casi absolutos, pero que las corrientes soplen por babor o por estribor tiene más que ver con las modas y corrientes que van y vienen cada cierto tiempo. Para entenderlo mejor, hay épocas en las que gusta más el cante veloz y timbre de voz laína y otras que prefieren las voces rasgadas, de piedra. Lo que no quita que haya gente que desde que nace es fiel a un tipo de cante y no salen de ahí ni con agua hirviendo, como quien vota a un determinado partido haga lo que haga, y no miro a nadie en concreto. En cambio, hay personas que siguen las modas y tan pronto lo ves loquito por Agujeta como años más tarde muere con Rocío Marquez. Recuerdo perfectamente, lo he comentado en esta sección en ocasiones, que conocí a Morente cuando estaba mal visto que te gustara su arte supremo. Cuando editó Omega dio un vuelco total y surgieron fans del granaíno de debajo de las piedras. Por no hablar de cuando se devolvían los discos de José Monge tras la edición de La leyenda del tiempo y hoy está considerado un icono de la discografía flamenca. Las cozas. Es lo natural.

 

 

«Si hablamos del baile, cualquier paso es posible, aunque la flamencura brille por su ausencia. Es más, son muchos los que parecen huir de cualquier atisbo que pueda recordar al baile flamenco. Solo los pies nos indican que estamos viendo a un bailaor, porque por lo que son brazos, cabeza y cadera… nasti de plasti»

 

 

El toque. Recuerdo las palabras del Gran Jefe: “El problema de los guitarristas jóvenes es que todos quieren tocar como Paco de Lucía”. Y lo decía él mismo. ¡Qué verdad es! La guitarra, como ocurre con el baile, no tiene miedo a las vanguardias, transgredir con la sonanta resulta menos lesivo para la natural evolución del género. Si observas la mano izquierda de los guitarristas de hoy apenas ves un acorde en primera posición, todo son inversiones (formas alternativas a pisar los acordes en el diapasón). Fíjense en los vídeos de, por ejemplo, Sabicas. Se pueden ver los acordes naturales, un Do mayor, un Mi menor, apenas hay inversiones. Después llegó Paco tras su contacto con Baden Powell, entre otros, y bebiendo de los reyes de las inversiones de la guitarra que son los brasileños y la gente del jazz descubrió que un Do mayor se puede pisar de diversas formas y, lo que es más importante, invertirlo de tal forma que el bajo ya no pisa la fundamental, el Do, sino cualquiera de las notas que conforman tal acorde (el Mi o el Sol), amén de las múltiples notas añadidas tan características de la estética armónica del género flamenco. La moda de alterar los acordes lleva a la mayoría de los guitarristas de hoy a componer con un colorido armónico muchas veces alejado de lo que se entiende por flamenco. Es más, si no fuera por el toque de mano derecha, rasgueos y alzapúas, nadie diría que lo que tocan es flamenco, debido precisamente a la moda de crear con armonías cada vez más y más densas, con melodías difíciles de seguir, por no decir inexistentes. Recuerdo cuando el gran Pepe Habichuela me confesaba inspirarse en el cante para componer, hoy resulta imposible escuchar “cantar” a la guitarra. Las modas.

 

El baile. Seguramente la disciplina del flamenco que más fiel es a las modas. Empezando como es natural por la indumentaria. En el baile de hombre, no recuerdo cuándo se desechó el traje corto para vestirse como dependientes del Corte Inglés para salir a bailar. Que el pantalón tenía el tiro y la cintura altos, ahora algunos parece que van de pesca, con todo el respeto lo digo. Que el chaleco no está de moda, pues bailo con una chaqueta cuyas mangas me tapan las manos, ¡las manos, Dios mío! Tan esenciales ellas. Entiendo que se abandonara el traje corto de antaño, pero la alternativa que se puso de moda no la acabo de ver. En la mujer el cambio, aunque ha sido radical, en ciertos contextos aún se ven las curvas que muestran los trajes más clásicos, por supuesto las batas siguen teniendo su sitio. Sin embargo, los tejidos vaporosos, en las antípodas de la estética ceñida al cuerpo, son cada vez más frecuentes. Recuerdo cuando Jorge Cadaval le dijo a la gran Sara Baras que un traje con flecos que ella suele usar, al girar le recordaba a cuando él lleva el coche al lavado automático.

 

Si hablamos del baile, como ocurre con la guitarra, las excentricidades están tan moda que viene siendo cada vez más difícil ver baile clásico flamenco, ya que buena parte de los y las artistas están sumergidos en el baile de vanguardia basado generalmente en meter pasos de la llamada danza contemporánea en un baile digamos por alegrías. Cualquier paso es posible, aunque la flamencura brille por su ausencia. Es más, son muchos los que parecen huir de cualquier atisbo que pueda recordar al baile flamenco. Solo los pies nos indican que estamos viendo a un bailaor, porque por lo que son brazos, cabeza y cadera… nasti de plasti.

 

La cuestión es que, como tales modas serán pasajeras y vendrán otros tiempos que, a lo mejor, traen nuevos bríos para nuestro flamenco, necesitado que está de volver la vista atrás para coger el impulso necesario que le permita proyectarse en el futuro sin perder las formas, caiga quien caiga. 

 

 

→  Ver aquí las entregas anteriores de la sección A Cuerda Pelá de Faustino Núñez en Expoflamenco

 

 

Imagen superior: Estela Zatania

 

 



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