El impacto de ChatGPT y la IA en la educación, ¿moda o revolución?


La inteligencia artificial está en boca de todos. Para los que estamos en el gremio, el frenesí empezó en torno a 2017. Pero a lo largo de 2022, con la aparición de IA capaz de crear texto e imágenes, se ha disparado y se ha convertido en tema de conversación habitual en todos los ámbitos. En diciembre de 2022, con la aparición de ChatGPT, se ha producido la eclosión. En menos de dos semanas podíamos leer titulares de prensa del estilo “La IA que acabará con Google en dos años”.

¿Pero, qué es ChatGPT?

Es un modelo de inteligencia artificial, más concretamente de lenguaje entrenado con un gran corpus de texto de internet. ChatGPT es capaz de generar texto de manera autónoma.

Si queremos abrazar la IA en el entorno
educativo, quizá haya que repensar cómo
se enseña y cómo se aprende. Y sobre todo,
cómo se evalúa

Dicho así no se le hace justicia. En realidad, ChatGPT, que se presenta en forma de chatbot, es capaz de mantener una conversación, responder preguntas de carácter general, ofrecer explicaciones detalladas, traducir, resumir, argumentar, cambiar de contexto. Hace todo lo que se le pide, como por ejemplo asumir un punto de vista concreto y argumentar ideas a favor o en contra de un tema. Si se puede resolver con palabras, ChatGPT lo hace. Le preguntas, y amablemente te responde. En el idioma de tu elección.

¿Son solo herramientas?

El dilema de usar herramientas en la enseñanza –mi recuerdo más lejano es la calculadora– es algo que ya tenemos superado. Es evidente que hay que aprender a realizar cálculos matemáticos a mano, pero también es evidente que cuando tengo los conocimientos básicos, ya no pierdo tiempo con papel y lápiz; uso la calculadora que acelera las tareas tediosas y elimina los errores manuales. Calculadora sí, pero solo cuando ya sé hacer las cuentas a lápiz.

Con ChatGPT y con la IA el dilema no es tan sencillo. Hay similitudes, pero el salto cualitativo es tan grande, que no podemos simplemente tomarlo como una mera herramienta. Tanto en los riesgos como en las oportunidades, el impacto es mucho mayor. A riesgo de ponerme tremendista, me atrevería a decir que el impacto es revolucionario. Empecemos por los riesgos en el entorno educativo.

Los riesgos

¿Tengo que hacer un trabajo de historia? Hecho, se lo pido a ChatGPT y me lo hace. ¿Tengo que argumentar en clase de filosofía? Hecho, se lo pido a ChatGPT y me ofrece los argumentos.

¿Los hechos ocurridos el 14 de julio de 1789 en París, durante la Toma de la Bastilla, pero narrados desde el punto de vista de uno de los cuatro presos liberados? Hecho, ChatGPT me lo cuenta, añadiendo algo de dramatismo si se lo pido.

¿Necesito hacer un programa en Python para la clase de informática? hecho, se lo pido a ChatGPT y me lo hace. ¿Necesito traducir un texto para la clase de inglés, o quizá unos ejercicios de completar palabras en francés, o quizá explicar las normas gramaticales para la de alemán? Hecho, hecho y hecho. Se lo pido a ChatGPT y me lo hace.

Hay pocas cosas que no se pueden hacer

No se puede detectar si un contenido ha sido creado por una IA o ha salido de la mente recién entrenada del alumno. No se puede ir a Google y buscar el contenido. Es contenido nuevo, fresco, bueno, argumentado, creado por el alumno o por la IA a su servicio.

El principal riesgo, en mi opinión, va más allá de detectar la autenticidad del contenido. El problema de fondo es que el contenido ya no puede ser la medida del aprendizaje. No podemos evaluar al alumno por las palabras escritas, salvo que las escriba delante de nosotros. Lo cual no parece una solución escalable

Las oportunidades

Sin embargo, antes de alarmarnos y cerrar la puerta al avance, que por cierto es inevitable, veamos los beneficios. Porque la revolución funciona en ambos sentidos. Y la revolución de IAs como ChatGPT es tremenda.

Una de las cosa que más me fascinan de los modelos de lenguaje es su capacidad de ofrecer explicaciones detalladas. No hay pregunta compleja o situación que no pueda argumentar, explicar, poner ejemplos

No hay pregunta compleja o situación que no pueda argumentar, explicar, poner ejemplos

Pensemos en las posibilidades de un asistente que responde preguntas, ofrece explicaciones y ejemplos instantáneamente, sin protestar, sin cansarse, sin horarios, sin vacaciones.

Ahora pensemos en el impacto en un proceso de aprendizaje y especialmente de pensamiento crítico. El asistente que no parará de responder y profundizar en las explicaciones hasta que el concepto esté aprendido. No parará de argumentar en forma de conversación abierta, ofreciendo ejemplos hasta que el alumno pueda aplicar el concepto en situaciones nuevas.

Ahora para docentes

La IA que me responderá preguntas (o responderá a la preguntas por mí). Que podrá coger el contenido de mis clases o de mis alumnos y resumirlo, explicarlo, crear ejercicios sobre ello. El asistente que siempre quise tener para poder centrarme en lo que tiene valor: enseñar.

Y para los padres, para los vendedores, los compradores, cualquier persona de cualquier ámbito que, en un momento dado, tiene una duda.

Las posibilidades son infinitas. Revolucionarias, diría yo, pero soy un entusiasta.

Conclusión

Principios de 2023, nos encontramos con esto. ¿Qué hacemos? El principal reto que veo yo es que, si queremos abrazar la IA en el entorno educativo, quizá haya que cambiar el modelo. Quizá haya que repensar completamente cómo se enseña y cómo se aprende. Y sobre todo, cómo se evalúa

Y si no queremos, pues vamos fastidiados. Muchas dudas y pocas certezas, pero una cosa es segura: la revolución es inevitable. Creo que ya ha empezado.





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