Autoras de La vida láctea: «La maternidad puede ser bastante dura y muchas veces no existen redes de apoyo»


¿Qué pasa con el sexo después del parto? ¿Por qué se sienten celos de la independencia de la pareja? ¿En dónde queda la vida de las mujeres cuando tienen hijos tras haber pensado que jamás serían madres? ¿Por qué no decir, a voz en cuello, que la maternidad es una experiencia dolorosa, triste, cansada, llena de humor y de libertad, pero también de dureza? De la mano de editorial Planeta Chile, esta divertida, dolorosa y directa historia llega a nuestro país.

Tatiana Andrade estudió literatura en la Universidad Javeriana, y un posgrado en escritura de guion en Buenos Aires, Argentina. Ha publicado el libro Voy al sur, dentro de la colección Inmigrantes de El Peregrino Ediciones, y escrito varios documentales entre los que se encuentran Cañonazo Tropical(Caracol TV, 2016) y Colombia en el espejo, 60 años de la TV en Colombia (Caracol TV, 2015). 

María Camila Sanjinés es artista plástica y arte-terapeuta. Sus investigaciones se sitúan en la frontera entre el arte y otras disciplinas; la educación, la arquitectura, las artes escénicas, la moda y la literatura. Siempre teniendo en cuenta la cotidianidad y lo doméstico como génesis. El carácter intimista presente en su trabajo termina por reflejar un género, una generación, un continente y un proceso digestivo de la realidad. Su trabajo se ha expuesto en Europa, Suramérica y Estados Unidos.

“Una vez tienes hijos pierdes el sueño profundo, entre otras cosas (…) Son las 9 de la noche y ya estoy en pijama, con el pelo revuelto, ojeras, pierna cruzada, rogando que Tomás no se despierte. Rogando que pase la noche en silencio. Ruego que la noche sea silenciosa, que la calle no sea más calle, que el tráfico se detenga y que ni el sonido de una hoja al caer del árbol pueda siquiera perturbar su sueño. ¿Será esta la noche en que voy a roncar y babear hasta las seis de la mañana? Olvidarme de mí, de mi bebé, de mi esposo, del mundo entero. Olvidar que existo. Qué gran fantasía” (La vida láctea, 2018).

—¿Cómo surge la idea de escribir este libro a partir de los mensajes o chats e ilustraciones?

T: María Camila estaba publicando unos dibujos, ella es artista, y realizó ilustraciones de su maternidad y el postparto justo cuando tuvo a su segunda hija, Violeta. Yo me enganché con esos dibujos y cada vez me gustaban más, hasta que un día le escribí y a raíz de eso nos reencontramos después de muchos años, porque éramos amigas en la adolescencia/juventud temprana, pero ella se fue a vivir a España y yo me fui también. Nos separamos por cuestiones de la vida y así nos reencontramos, y a raíz de ese reencuentro, yo también había estado haciendo unos pequeños textos y mi esposo es editor, por lo que a él se le ocurrió la idea de porqué no hacer una correspondencia entre las dos, un diálogo abierto, a ver qué salía y si de ahí surgía material para hacer un libro y así fue.

—Y tú María Camila, cuéntame un poco de tus ilustraciones, las imágenes que vemos en el libro ¿nacieron como un desahogo u hobby?

M: Yo siempre he dibujado. Siempre he tenido libretas y cuadernos de dibujos, como yo soy artista, tengo muchas prácticas, pero el dibujo era una cosa que yo nunca había publicado mucho, ni mostrado tanto. Enseñaba mis otros proyectos, pero con la maternidad, que tiene estos des horarios, que de golpe estás durmiendo a las dos de la tarde cuatro horas porque lograste encontrar un espacio para el sueño, ese momento medio de ácidos que tiene la maternidad, que es tan extraño, fue cuando empecé a dibujar a las dos de la mañana, pero claro, en lugar de encender la luz, empecé a dibujar en el en el celular, en la aplicación de notas. Y con el dedo empecé a hacer unos dibujos, los primeros del libro, y se ven en mi Instagram, son unos dibujos muy torpes, muy viscerales, muy automáticos, no es un dibujo detallado, no es un dibujo preciosista. Es un dibujo muy del desahogo diario, del dibujo rápido. 

T: Me acuerdo que en medio de todo este diálogo, (María Camila) se compró un iPad…

M: ¡Sí, claro! Y ya empezamos a producir el libro, se volvió este proyecto y paré de estar dibujando solamente en el celular con el dedo, si no que vamos a digerir esto a través del dibujo. Y justo me fui a visitar mi hermana a Estados Unidos, debido a un cáncer de seno, y me compré el iPad maravilloso con el apple pencil y se nota en el libro, tú ves algunos dibujos que son mucho más detallados y otros que son torpes…

T: La historia del parto, me acuerdo que esa fue ya mucho más detallada, tipo storyboard…

M: Sí, sí, sí y pues para mí a nivel técnico fue muy interesante empezar a dibujar como medio de expresión abiertamente, volver esa parte de mi obra más pública y desde entonces dibujo digitalmente.

—Y volviendo al contenido del libro propiamente tal, ¿creen que la gente es sincera al momento de hablar de maternidad y paternidad?

T: Pienso que cada vez más, y precisamente, no es por elogiar demasiado nuestro libro, pero creo que sí abrió un camino. Así como están abriendo caminos las luchas feministas, las disidencias o los sectores más marginados de la sociedad, considero que el libro sí trató de decir algo que no se había dicho antes o que por lo menos estaba subterráneo, que no te cuentan del todo y que incluso da vergüenza decir lo mal que lo pasamos las mujeres en la maternidad, o que no la pasamos del todo bien, que es muy difícil atravesar el posparto y los primeros años de crianza. Eso fue revelador para nosotras, romper un poco esa barrera del silencio y atrevernos a decir las cosas como son o como fueron para nosotras, porque hay tantas maternidades como tantas mujeres existen, entonces la nuestra, o la que está consignada en ese libro, creo que sí le dio la posibilidad de muchas otras mujeres de identificarse y decir “no estoy sola, esto le pasa a otras personas”.

—Claro, y en el libro se habla sobre esta idea de que la maternidad te cambia ¿qué creen ustedes?, ¿verdadero o falso? ¿De qué forma puede cambiarte la maternidad?

M: Es inevitablemente un hecho transformador y dentro de esa transformación hay cosas que hoy en día le agradezco mucho a la maternidad. Siento que la maternidad te fuerza a un lugar en donde tienes que contemplar a otros antes que a ti mismo, y eso es una cosa que, al principio incluso, puede ser un luto. Me acuerdo que con mi primer hijo tuve un luto, grande de estar despidiéndose de esta mujer única y poderosa, que tenía que tomar decisiones por ella, para ella y solo ella. De alguna manera, durante estos últimos 10 años, te das cuenta de que eres un poquito la última rueda del coche, y tienes que tener mucha conciencia de qué espacios sacas para ti y cómo sacas esos espacios, cómo haces que tú sigas siendo esta mujer poderosa, creciendo, pero que además tiene que cuidar unos cachorritos mientras creces. Y tanto Tatiana como yo somos mujeres afortunadas, aunque no deberíamos serlo, pero lamentablemente es una realidad, y es que tenemos parejas que son grandes padres, que están haciendo su labor también muy activamente, pero muchas mujeres y sobre todo en Latinoamérica, criamos solas, crían solas. 

T: O más bien, si puedo complementar, una de las cosas que aprendí, es que los hombres tienen que descubrir el camino de la paternidad, porque no les viene dado. Y el hecho de no engendrar y no poder tener un cuerpo creciendo dentro de ellos, los hace mucho más vulnerables y menos conscientes de lo que significa ser padres. Y creo que el libro también es muy respetuoso en ese sentido, cuando hablamos solo de las mujeres y de vez en cuando de la relación que tenemos con nuestras parejas, pero también hay una búsqueda de dar un espacio para esas parejas. La maternidad puede ser bastante dura y muchas veces no existen redes de apoyo para las madres, o son muy precarias.

—Hay un libro de una autora chilena, Lina Meruane, que titula “Contra los hijos”, y en este ensayo ella habla sobre la idea que, ser madre significa renunciar a tu libertad. ¿Qué opinan de aquella afirmación?

M: No creo que eso sea real, pero sí pienso que por ejemplo a mí, hacer este libro, me hizo mucho más consciente, más activista, de la importancia de apoyar la maternidad y a las mujeres, porque como sociedad hemos retirado completamente el apoyo a estas personas. Entonces, si tú estás en desventaja laboral, si estás perdiendo libertad, si estás perdiendo entradas económicas, eso no es un sistema social, ni económico, ni cultural que esté apoyando a las mujeres a criar. El problema no es tener hijos y ser mamá, sino que al revés, es muy importante que las personas que deciden tener hijos y ser madres, estén siendo apoyadas por un sistema económico y social.

T: Al mes de haber parido me llamaron para un proyecto, y yo dije sí, de una, o sea, lo que más quiero es trabajar.  Y cuando se enteraron de que tenía un mes de parida me dijeron no, imposible que tú lo hagas, porque vas a estar ocupada, pero no me dejaron elegir a mí si yo iba a estar ocupada o no para hacer ese trabajo. Evidentemente, tenían razón, por un lado, porque era una locura empezar a trabajar escribiendo guiones, que es una tarea muy exigente y demandante, teniendo un bebé de un mes, era una locura, pero lo que me pareció más absurdo es que tomaron la decisión por mí y no me dejaron tener la libertad de decidir por mí misma, por mi bebé y por mi familia, porque realmente yo soy una mujer independiente, no tengo un empleador fijo, y si yo no busco trabajo nadie lo va a hacer por mí. Entonces, esa angustia existencial de, por un lado, estar un poco atada a mi bebé porque me necesitaba, porque no podía descuidarlo y no podía desprenderme de él, eso sí lo sentía como una carencia de libertad, pero, por otro lado, era consciente de que tenía que vivir ese momento y estar en ese lugar, en ese presente. Por eso el libro me ayudó tanto, porque me dio una tarea distinta a estar todo el tiempo maternando, y bueno, eso nos salvó unos cuantos meses. 

—Y en relación con esta carencia de libertad y culpa, ¿qué opinan sobre estos libros de autoayuda sobre maternidad? De tips para criar a tu bebé, cómo enfrentar el embarazo, etc.

M: Hace 10 años existía solo el de “Qué se puede esperar cuando se está esperando”, y ahí estaban todas las referencias, así como en el BabyCenter que era una página de internet, y esa era toda la información, no había ningún otro lugar, nadie estaba hablando críticamente de la maternidad, nadie te hablaba del parto, ni de la lactancia, de nada. Yo siento que hoy en día existen muchas más plataformas, sobre todo con lo digital, existen muchos más blogs de mamá, incluso, hay demasiada información, pero siento que de alguna manera eso es un diagnóstico de la situación. También me parece interesante que hoy en día sí que están existiendo múltiples maternidades, antes era la única, esa que te dicen las abuelas que tienes que quedarte haciendo cuarentena y no le puedes dar sino leche, después no le puedes dar papilla, o sea, toda una fórmula matemática tradicional que puede ser bastante rígida. Por ejemplo, a mí me dio mastitis y no pude seguir amamantando, y me sentí terriblemente frustrada, pero por suerte ya la cosa estaba cambiando e incluso los médicos me decían, “tranquila, hay otras formas de alimentarlo, lo importante es que usted como madre esté bien”, y eso a mí me sorprendió mucho, porque yo pensaba que aunque estuviera mal, así el demonio me consumiera por dentro, yo tenía que hacer todo lo del manual para poder criar a mi hijo, pero creo que hoy en día hay muchos criterios y las mujeres están haciendo lo que quieren hacer con su maternidad y eso me parece fantástico.

—En el libro hablan sobre esta idea del exitismo, el éxito de ser madre, o esta idea de fracaso al no serlo, etc, pero también de estos logros y desafíos que una como mujer quiere lograr antes de ser madre, ¿creen que las mujeres deben sentirse realizadas antes de ser madre?

T: No. Yo creo que la vara de la realización la pones tú misma y lo importante es que la sociedad no ponga esa vara, que no obligue a la mujer a pensar que va a ser una mujer realizada si cumple con tales indicadores socioeconómicos y culturales, o ser madre de tantos hijos, ser esposa competente, una profesional, etc., existen tantas imposiciones que el capitalismo nos ha señalado que, pienso que el tema de lo que la mujer quiere ser, nos viene dado en este siglo por todas las revoluciones femeninas que hemos observado y que nos han regalado también nuestras madres, que han luchado también por conquistar derechos que antes eran negados, y uno de esos derechos es la libertad de decidir qué quieres hacer con tu vida, de qué manera, y sin jugar a este contrato social capitalista que tanto nos ha cerrado caminos…

M: Pero pienso que aquí en Colombia todavía existe esa ilusión de que la maternidad completa la realización de la mujer, de la cual estoy completamente en desacuerdo, pero como dijo Tatiana anteriormente, hay tantas formas de ser mamá, incluso no siendo mujeres. Hoy en día las maternidades se pueden plantear, podemos entrar en una discusión amplia y diversa, pero yo sí creo que es un camino que tiene varios caminos paralelos.

—Algo que ustedes abordan en el libro, pero quizás no con tanta profundidad, tiene que ver con los cambios corporales. Existe un mandato sobre el cuerpo de la mujer y que la maternidad hace cambiar el cuerpo, inevitablemente, ¿cómo enfrentaron ustedes esta situación?

M: Yo después del parto me volví multiorgásmica (risas), entonces para mí la maternidad vino con mucha alegría, con un cambio físico bastante poderoso y empoderador.

T: Para mí sí fue un desafío verme al espejo. Un desafío desde que quedé embarazada, porque, claro, era una delicia ver cómo crece la panza y cómo cambia el cuerpo, pero después cuando tuve ese parto tan doloroso y tan difícil, mi cuerpo quedó fragmentado en mil partes, tuve un dolor interno y emocional muy fuerte, y después tuve que pasar por el quirófano otra vez porque por el pujo tan fuerte se bajó un poco la vejiga. Y cuando me llegó nuevamente la menstruación, la recibí como nunca la había reconocido, tuve una relación muy conflictiva y muy íntima con la menstruación, y después del parto empecé a cuestionarme mucho sobre la menstruación, sobre el cuerpo de la mujer, sobre los impactos que tenía el hijo o parir, y detesté un poco ese momento, porque no me reconocía, no reconocía mi cuerpo, no sabía en qué me había convertido o cómo tenía que tratarlo nuevamente. Después pude salir de ese huracán, porque además las hormonas fueron como mis enemigas durante unos meses, y después ya empiezan a decantar las cosas y a verlas desde otra perspectiva para hacer amistades y pactos silenciosos con distintas partes del cuerpo, empezar a juntarlas nuevamente la cabeza con el cuello con el tronco con el pubis, y empezar a construir un cuerpo de nuevo.

M: Yo creo que eso está relacionado también con el desconocimiento que tenemos sobre nuestro propio cuerpo, o sea, yo siempre he sido muy feminista y muy conocedora, pero cuando yo llegué al parto y pasé por todo ese proceso, me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo funcionaba mi cuerpo. De hecho, el primer estudio grande, a profundidad, el primer mapeo que se hizo del clítoris, fue en 1997, entonces, ¿cómo vamos a conocer nuestro cuerpo?, si ni siquiera se ha estudiado médicamente. Y yo pienso que ojalá esto cambie, porque si bien nosotras también somos mamás maduritas, cuarentonas, yo pienso que viene una generación mucho más informada. 

—En esa misma línea, tanto en Chile y Colombia los derechos reproductivos y sexuales se ven igualmente vulnerados, con un alto índice de embarazos adolescentes, ¿cómo combatir la falta de Educación Sexual Integral?

T: Difícil, yo trabajé incluso, cuando estaba embarazada, en una serie documental para un canal público. Y este es un tema cultural difícil, porque además no se trata solo de desconocimiento, sino que hay muchas creencias falsas aferradas en todo este universo de las niñas, porque además son niñas de 12 o 13 años, que creen que un hijo les da poder, dignidad o una posibilidad distinta con respecto al Estado y a las ayudas, y lentamente se estrellan contra una pared, porque el hombre no era el hombre que querían, el hombre es un hombre que se va y que abandona, y el dinero no llega. Y entonces, los niños tienen que empezar a trabajar y su propia realidad se ve totalmente truncada, porque tienen que dejar de estudiar. Yo pienso que para cambiar este sistema hay que tener otro tipo de relaciones sociales, afectivas y culturales, que permeen otras capas y que bajen la información. La información es un privilegio de pocos y está mal distribuida. No hay posibilidades de educación además de la que brinda el Estado a través de los colegios, que es una educación de manual, donde nos dicen qué hay que enseñar, y qué decir sobre educación sexual, o sobre ética o valores.

M: Además, que la aproximación hacia la educación sexual evidentemente apunta a prevenir los embarazos adolescentes, pero solo hacia las mujeres, como si los hombres no tuvieran nada que ver con el tema, como si fueran responsabilidad absolutamente de las niñas. A los hombres se les sigue sacando completamente de toda las responsabilidades y dejándolos ser hombres, niños, y ellos pueden hacer un poco lo que quieren y ese sistema perpetúa un modelo donde después no se apoya a las mujeres en sus embarazos. Entonces, de entrada se debe abordar el embarazo adolescente para hombres y mujeres, porque le sucede a dos personas. Yo trabajé también con niñas adolescentes en un barrio marginal en Bogotá e hice clase de dibujo. Hay tanta falta de oportunidades, de opciones, tan limitadas, que ser madre es casi automático, es como un tobogán automático en el cual, ni siquiera se piensa, por ejemplo, que se va a subir en otro estatus económico, porque baja, generalmente. Pero pienso que tiene que existir mucho más apoyo de la educación, de la maternidad, para que cambien las políticas, desde el aborto hasta el embarazo adolescente. 

—Por último, ¿qué considerarían que es lo más difícil de ser madres? ¿Y qué es lo más bello?

M: Lo más complicado de ser madre es la culpa. Es siempre estar preguntándote si lo estás haciendo bien, te sientes culpable constantemente y siento que te persigue toda la vida. Y lo más bonito es la incondicionalidad, que es un poco cruel, porque los hijos te aman incondicionalmente porque no tienen opción. 

T: Sí, para mí lo más difícil de la maternidad ha sido pensar todo el tiempo si estoy traumatizando o no a mi hijo, sembrándole ciertos traumas, es también la culpa. Hay un mapeo de las grietas que le estoy haciendo y lo que va a causar, tiene relación con todas las decisiones que tomo, de si acaso van a ser positivas o negativas en su existencia. Esa es mi mayor preocupación existencial diaria. Y lo más bello es verlos crecer, verlos tomar sus propias decisiones y buscar un lugar en el mundo, lejos de los padres también, ser independiente, y eso me parece fantástico, porque mientras más independientes sean, más feliz estaré.

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